Toda la atención del martes por la noche estará puesta en Miami en el duelo entre Venezuela y EE.UU. para conocer al nuevo campeón del Clásico Mundial de Béisbol 2026.
La gran final del Clásico Mundial de Béisbol 2026 tuvo una noche histórica con un duelo de altísimo voltaje en Miami: Venezuela se llevó el primer título de su historia frente a Estados Unidos en el loanDepot Park, ubicado en el corazón latino de Florida.
El partido se definió en la novena entrada, cuando, con el marcador 2-2, Eugenio Suárez conectó un doble que impulsó la carrera del 3-2 y dejó a la Vinotinto arriba de forma definitiva.
Salvador Pérez abrió el camino venezolano con una anotación en la tercera entrada y Wilyer Abreu a la ventaja con un jonrón solitario en la cuarta, mientras que Estados Unidos igualó el partido en la octava con un cuadrangular de Bryce Harper.
En el cierre, el relevista Daniel Palencia se encargó de los últimos tres outs frente al corazón del lineup estadounidense y selló el campeonato para Venezuela.
El cuerpo de lanzadores venezolano volvió a ser la base del plan: el abridor y un relevo profundo limitaron a Estados Unidos a solo dos carreras, pese a un lineup cargado de estrellas.
Después del cuadrangular de Bryce Harper en la octava, que empató el juego y pudo haber cambiado la inercia, el grupo no se derrumbó y mantuvo el marcador controlado hasta llegar a la oportunidad decisiva en la novena.
Antes del cierre dramático, Wilyer Abreu había dado el primer golpe ofensivo de la final con un jonrón que amplió la ventaja venezolana y puso bajo presión al pitcheo estadounidense.
Ese batazo, en un juego de marcador corto, obligó a Estados Unidos a perseguir desde atrás y confirmó una tendencia del torneo: el bateo de poder venezolano apareciendo en momentos de máxima tensión.
Con el partido 2-2 en la novena entrada, Eugenio Suárez volvió a responder en situación de clutch con un doble que impulsó la carrera del 3-2 y terminó siendo el golpe de gracia para Estados Unidos.
No fue un batazo aislado: Suárez ya había sido determinante en semifinales ante Italia y ratificó en la final su rol como bate confiable en la parte gruesa de la alineación.

El jonrón de Bryce Harper en la octava entrada, que igualó el encuentro, fue un auténtico “gancho al hígado” para Venezuela, pero el equipo mostró temple al no desmoronarse ni desde el montículo ni anímicamente. En lugar de ceder el impulso definitivo al local simbólico, la Vinotinto respondió en la parte alta de la novena, recuperó la ventaja y dejó a Estados Unidos sin margen de reacción en su último turno al bate.
A lo largo del torneo y también en la final, Venezuela jugó un béisbol limpio: sin errores graves a la defensiva y con buena ejecución en jugadas de rutina, algo que volvió a presionar a los bates estadounidenses y redujo las segundas oportunidades.

En un partido definido por una sola carrera, cada out tomado a tiempo, cada corte correcto desde los jardines y cada lanzamiento bien llamado desde el plato fueron parte de una construcción silenciosa del título.
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2026-03-18 04:00:04
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